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La romería de San Antón

Queridos lastreños: Hará cosa de un par de años encontré entre los papeles guardados en una carpeta, de aquellas antiguas de cartón, en color azul, un único ejemplar de una revista, no sé si de ámbito local o, como mucho, comarcal.

Se trataba de una publicación humilde, creo recordar que editada en ciclostic, y que se ocupaba de temas relacionados con las tradiciones. Su promotor era Manuel Avial, quien por entonces acababa de terminar -o estaba a punto- la carrera de Magisterio, y él era la persona responsable de que la revista saliera a la calle y llegara a las manos de los interesados.

Estoy refiriéndome a los años finales de la década de 1960, y el autor de la colaboración, realizada a instancias Manolo -por ese nombre familiar le llamábamos en el pueblo, como a la mayoría de los Manueles- , debía de contar con unos quince o dieciséis años. Ni que decir tiene que me hizo mucha ilusión que todo un maestro se acordara de mí, que me tuviera en cuenta para la pequeña colaboración, siendo como era un chaval muy joven.

Cierto es que siempre me acompañó la curiosidad por saber cosas relacionadas con el pueblo, con mi pueblo, y es posible que en algua charla informal con Manolo, percibiera él dicha curiosidad, aunque tampoco es ajeno al asunto el hecho de que mi abuelo, mi padre y mi tío Gaspar, fueran -o hubieran sido- guardas de La Serreta, de ahí lo oportuno del encargo.

Mi memoria es frágil, y ahora mismo ni siquiera soy capaz de recordar el nombre de la revista, cuyo ejemplar terminó por extraviarse, lo que me impide precisar con exacitud la fecha en que fue publicada. Por fortuna, como si hubiera presentido lo que iba a suceder, al descubrirla entre los papeles de la carpeta azul tuve la feliz idea de transcribir mi antigua aportación a la revista al cerebro del ordenador, confiado en que supiera guardarla con seguridad y la pusiera ante mis ojos si así se lo pedía. Lo hice sin practicar en el texto original corrección alguna, por más que desde la actual perspectiva observe más de un detalle susceptible de ser mejorado.

Los datos ofrecidos sobre la ROMERÍA DE SAN ÁNTON, que se celebraba el día 17 de enero, en la ermita existente desde tiempos inmemoriales en la finca de La Serreta, me fueron proporcionados, tal y como se indica en el texto, por mis familiares más cercanos. Supongo que habrá alguna persona mayor que conozca otros detalles, y si es así bien estaría que los hiciera públicos, para conocimiento de los lastreños curiosos, si ese es su deseo. Por ahora, aquí os dejo cuanto pude recopilar en aquellos años juveniles, con la década de los 60 a punto de concluir.

LA ROMERÍA DE SAN ANTÓN

Antes de adentrarme de lleno en la narración de la Romería de San Antón, debo recordar a todos los que lean nuestra pequeña pero interesante revista, que me produce una gran satisfacción el poder contar algo de un lugar tan querido para mí, quizá por herencia, o puede que también porque así lo siento, como es La Serreta, pues allí era –y duele hablar en pretérito- donde se celebraba la tradicional Romería de San Antón sobre la que ahora les doy noticia.

Se cree que la tradición existía desde los tiempos del duque de Alburquerque, que era entonces quien sufragaba los gastos.

No se puede precisar la fecha exacta o más o menos aproximada, pero como referencia existe una lápida en la fachada este de la casa-palacio de los antiguos duques en la que se nombra, con motivo de un incendio ocurrido en ella en el año de 1648, a don Rodrigo Fernández de la Cueva, como duque de Alburquerque en aquella época.

Posteriormente, al distribuirse los bienes, heredó la finca una hija del duque, casada al parecer con el Marqués de la Corzana, que fue quien la vendió a la Unión Resinera Española, empresa propietaria en la actualidad.

El Marqués de la Corzana, así como la Unión Resinera, continuaron la tradición de los duques de Alburquerque y siguieron subvencionando los gastos de la Romería, hasta la fecha en que robaron el Santo que había en la capilla de la ermita.

El cuadro, de gran valor artístico, poseía la firma de Velázquez, según los más antiguos del lugar, quienes aseguran haberla visto con sus propios ojos.

Y después de esta pequeña historia, voy a intentar contarles con la mejor intención y voluntad en qué consistía esencialmente la Fiesta de la Romería. Debo dar las gracias a mi padre, a mi tío Gaspar y en especial abuela Lucía; sin los datos que ellos han aportado, me habría sido imposible recordar a muchos, y contar a otros, esta simpática romería.

Una gran cantidad de habitantes de los pueblos vecinos acudían el día 17 de enero, fecha de la festividad de San Antón, a la pequeña ermita, con sus bestias atalajadas con las mejores cabezadas, albardas y monturas, y daban tres vueltas a la citada ermita, de esa forma, según la tradición, los animales quedaban “vacunados” contra toda clase de enfermedades.

Después se celebraba la Santa Misa, en la capilla de la ermita. Antiguamente, el cura vivía en la misma ermita, en las habitaciones preparadas para él en la parte de arriba. Dichas habitaciones se conservan aún, aunque muy deterioradas, así como el resto de la ermita. De la capilla, únicamente quedan los restos del altar.

Los asistentes a la Romería llevaban comida para el día, celebraban esencialmente la merienda, sobre las cinco de la tarde.
Es también de destacar los interesantes partidos de pelota que se disputaban. Servía como frontón la pared de la casa grande que da frente a la ermita, precisamente.

Más tarde (para esa fecha ya había desaparecido el cuadro, las Santaguederas daban las acostumbradas vueltas a la ermita con su habitual carroza, engalanada festivamente.

La fiesta era amenizada por la dulzaina, el tamboril y el bombo, típicos instrumentos segovianos, que han interpretado a lo largo de muchos años la alegre jota segoviana.

Recordaré que hacia el año 1922, la dulzaina la tocaba el señor Isaac Sancho, padre de los señores Mariano y Teodosio Sancho, vecinos de nuestro pueblo. El tamboril lo tocaba el señor Zenón, padre de Eustasio Vallejo [El tío Cerillas], también conocido en toda la comarca por ser el único que en la actualidad toca la dulzaina en nuestro pueblo, y el bombo lo hacía sonar el tío Felicianillo, de curioso apodo, de quien no conozco ningún descendiente. Servía de escenario para el baile la explanada que hay delante de la casa grande.

Actualmente, como dije al principio y como todos los vecinos de Lastras saben, ya no se celebra esta romería, pero sin duda queda en la memoria y el corazón de los más antiguos un recuerdo simpático de ella, y los más jóvenes que, como yo, no han tenido la suerte de conocerla, estoy seguro de que lo sentirán de verdad, y les hubiera gustado que la célebre Romería no se hubiera perdido con el paso del tiempo.

EMILIANO DE LUCAS

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