El colegio de Lastras cierra sus puertas

Tras casi seis décadas en funcionamiento, el colegio de Lastras cierra sus puertas. Atrás queda ya aquel lejano 2 de abril de 1962, cuando se inauguraban las nuevas escuelas que sustituían a la vieja panera y a las aulas del ayuntamiento, y a las que acudían decenas de niños y niñas de todas las edades. Generación tras generación de Lastreñ@s cruzaron sus puertas para iniciarse en el mundo de la educación e iniciar asi una vía de escape hacia una nueva vida.

El cierre, que no por esperado es menos doloroso, pone fin a una etapa de nuestra historia reciente que se veía venir desde hace mucho tiempo.

Pese al esfuerzo del ayuntamiento y de los padres afectados, los últimos niños del colegio han decidido trasladarse voluntariamente al colegio de Fuentepelayo tras no alcanzar el mínimo de cuatro alumnos exigido por la normativa.

De nada han servido tampocolos intentos de mostrar los beneficios de la Escuela Rural asi como las gestiones para atraer a nuevas familias con niños que ayudaran a sobrevivir un año mas. Lastras, como tantos y tantos pueblos de la «España vaciada» continua su lento declive hacia un futuro que cada vez se presenta mas incierto.


Sirvan estos párrafos del libro «Donde beben los caballos», escrito por Emiliano de Lucas como homenaje a todos los que allí estudiaron.

“En invierno antes de entrar y seguramente para aliviarnos del frío practicábamos un juego muy calorífico: puesto los chicos en fila contra la puerta de entrada, los de la parte de atrás comenzaban a empujar con todas sus fuerzas al grito de  “ A la parida que no tiene vida” Lo normal es que la cuerda humana se rompiera por la parte más débil y algunos de los más enclenques fuera escúpido de la fila como un hueso que se disloca perdiendo su lugar de privilegio.”

“No solo existía la panera pues entonces la población infantil era numerosa,  y el edificio del ayuntamiento,  el más grande con mucho el pueblo,  acogía las aulas de los chicos y chicas mayores: dos de los primeros y otras tantas de los segundos.”

“Aunque no fuéramos conscientes del alcance qué tal suceso tendría en nuestra vida,  el traslado a las escuelas nuevas lo vivimos como una fiesta. El gobernador habían honrado al pueblo con su visita, se había dejado fotografía adjunto alcalde, el  señor cura y los funcionarios. Pero antes nos había correspondía a nosotros trajinar  con los pupitres y el resto de los enseres de la vieja escuela de la panera a las recién construidas, que se levantaban tan flamantes junto a la carretera.

Para nosotros,  desligados de otras celebraciones esa fue la verdadera fiesta,  y sólo al cabo de los años vimos las fotografías que testimoniaban la oficialidad del acontecimiento,  con la jeta algunos chicos asomando entre las autoridades y la gente adulta del pueblo.”

Emiliano de Lucas «Donde Beben los caballos»

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