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Igualas, servicios públicos y la Sociedad de Socorros Mutuos en Lastras

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Félix Martín Galicia y Santos López de las Heras


Al amanecer del 28 de septiembre de 1810 se reunieron en Concejo los vecinos de la Lastra de Cuellar como era costumbre y como dice el libro de acuerdos, “muriendo la noche de antes y a son de campana tañida” con el objeto de contratar como cirujano a Francisco Mellado de la Repera. El cirujano se obligó a visitar a los enfermos siempre que fuera avisado y a curarlos en caso necesario. Como sueldo se le da una fanega de trigo, limpio, seco y de buena calidad por cada vecino, esto es, por cada unidad familiar. Las viudas aportarán media fanega. Cada menor que “que ande sirviendo”, un celemín de centeno. Los menores que viven con sus padres pagarán un celemín por todos los hijos que tengan. El contrato tiene una duración de ocho años, aunque no se cumplirá ya que Francisco morirá tres años más tarde. Este será uno de los asuntos más importantes de los que se ocupará el Concejo ese año.

En la sociedad actual, el estado del bienestar se basa en tres grandes pilares: la sanidad, la educación y las pensiones. El debate actual está en la intensidad de la prestación pública de estas políticas, pero hasta hace muy pocos años nada de esto existía. ¿Cómo accedían los vecinos de Lastras a la educación o la sanidad? ¿Qué ocurría cuando alguien se ponía enfermo?

Para hacer frente a estas necesidades se crearon instituciones que hoy nos parecen lejanas pero que, en su mayoría, han mantenido su funcionamiento hasta los años 70 del siglo pasado, cuando el acceso universal a la educación y a la sanidad hizo que acabaran en el olvido. Nos referimos a las igualas, las cofradías, o a la Sociedad de Socorros Mutuos. Formas de organización que jugaron un papel importante en nuestro pueblo. 

Sanidad

Hacia 1752, en el Catastro del Marques de la Ensenada se menciona la existencia de un cirujano en Lastras, que cobraba del Concejo 1.044 reales anuales. En aquellos tiempos coexistían básicamente tres profesiones relacionadas con la medicina: los médicos, con estudios universitarios especializados generalmente en medicina interna; los cirujanos, la mayoría sin estudios, que atendían patologías de distinta consideración como fracturas, heridas, sangrías, ulceras, hernias, etc. con resultados poco esperanzadores; y tercero, los barberos, especializados en extracción de muelas.

Al parecer, a mediados del siglo XVIII, dado el tamaño de Lastras, un cirujano era lo máximo que el pueblo se podía permitir. En esta época el cirujano no tendría una consideración social mayor que la de un artesano. Estos profesionales eran contratados por el ayuntamiento y de ellos dependían. La forma de financiación era la iguala, un contrato de prestación de servicios a los asegurados en el que todos aportaban por igual

La iguala garantizaba atención sanitaria a las familias que la pudieran necesitar. La cuota era anual y como hemos visto en el acuerdo de 1810, se pagaba en especie. Así, de nuevo en 1813, el Concejo, se vuelve a reunir “a son de campana tañida” y contrata a Felipe Herranz, examinado de cirujano y sangrador para que atienda las necesidades del pueblo, en las mismas condiciones que el cirujano difunto Francisco Mellado. En el mismo acuerdo se obliga al nuevo cirujano a atender, además, a los pobres y a los menores que vivan con sus padres.

En los años sucesivos se van modificándose las condiciones económicas del contrato, añadiendo, por ejemplo, el curar la sarna y la tiña a cambio de cargas de leña, ya que se entendía que estas enfermedades no estaban entre sus obligaciones. Esto nos sugiere que algunas prestaciones no estaban incluidas.

Se puede deducir que en esas fechas el pueblo no tiene suficiente entidad para contratar a un médico, por lo que hay que conformarse con un cirujano sangrador. Los escasos médicos titulados preferían vivir en la capital. Los médicos que no agrupaban suficiente clientela se planteaban ir a los pueblos, pero siempre en función de su oferta salarial.

La Administración se va haciendo cargo de una prestación sanitaria básica en la segunda mitad del XIX. Así, en 1862 sale a concurso un médico para los pueblos de Hontalbilla, Adrados, Cozuelos y la Lastra de Cuellar. Este cobraría de las arcas de los cuatro municipios la cantidad de 6.000 reales para curar a pobres y casos de oficio, llegando a acuerdos independientemente con las personas pudientes. Vemos cómo se va asegurando una prestación básica universal, que sería muy deficiente, a cambio de un salario fijo, pero subsiste el sistema de igualas como complemento para las personas que pudieran pagarlo.

Este sistema de iguala continuó vivo hasta bien entrados los años setenta del siglo XX, después de la creación de la Seguridad Social, complementándose el sueldo del médico con el aporte correspondiente a la iguala de los vecinos a cambio de un servicio permanente.

La mayoría de los medicamentos eran producidos en las farmacias locales a través de las fórmulas magistrales. El sistema de contratación del boticario también era comunal pero no sabemos cómo se distribuía su coste. De los acuerdos con los que contamos podemos deducir que era el Concejo el que contrataba los servicios de un boticario, como en Lastras no había, en el año de 1813 se contrata al boticario de Hontalbilla para que suministrara medicamentos a los vecinos y al ganado. Por sus servicios cobra 34 fanegas de centeno que tienen que pagar los vecinos del pueblo. Sin embargo, no se menciona su distribución. Al parecer es el propio Ayuntamiento el que se hace cargo del gasto.

El acuerdo con el boticario de Hontalbilla se rompió al año siguiente, contratando los servicios del boticario de Fuentepelayo por 2.000 reales de vellón. Sería este boticario el que serviría a Lastras durante un largo periodo de tiempo, incrementando sus honorarios de una manera cuantiosa, en 1818 ya cobraba 2.400 reales. Como curiosidad, hay que decir que este boticario no proveía medicamentos para la sarna, la tiña ni “los golpes de mano o azada”.

El personal “sanitario” se completaba con la partera, la mujer que se había especializado en ayudar en los partos. La partera, era una vecina de cierta edad, casada o viuda, que en base a su experiencia y habilidad ayudaba en los partos de las mujeres del pueblo. En 1780 sabemos que el oficio lo realizan “por caridad” dos mujeres del pueblo. Cuando el parto se complicaba, ellas también eran las encargadas administrar el agua de socorro, una especie de bautismo de urgencia que se practicaba cuando había riesgo vital para el recién nacido. Cosa que ocurría con más frecuencia de la deseada. En el pasado siglo esta función fue asumida por el practicante.

Sistema educativo

En cuanto al sistema educativo, hay que decir que en el Catastro del Marques de la Ensenada no se menciona su existencia, teniendo las primeras noticias de un maestro en Lastras en el año 1780 por lo que podemos deducir que fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando se contrató este servicio por primera vez. El cura lo describe así en una declaración al Obispado: “el maestro de niños llamado Francisco Cabrero (el menor) cumple con enseñar la doctrina cristiana a los que asisten a su escuela y le he oído decir que tiene el título ordinario”. No tenemos más información hasta 1808. En ese año, un tal Alonso Martínez se compromete a enseñar a leer y a escribir a los niños entre 5 y 12 años, por una remuneración de 31 fanegas de trigo.

Maestro de lastras de cuellar. Servicios públicos en Lastras
«Don Mariano Muñoz Carabias, maestro de Lastras de 1867 a 1870. Fuente: Biblioteca Nacional de España»

En este caso, la forma de financiar el gasto era diferente. De las 31 fanegas, 12 las paga el Ayuntamiento y 19 entre los niños que reciben las enseñanzas de “primeras letras”. El contrato del maestro es anual y al siguiente se establece que 12 fanegas son a cargo de “la limosna del Lobo” y 19 repartidas entre los niños que asisten a la escuela. La limosna del Lobo debía ser una obra de caridad donada por algún vecino apellidado o apodado de esa manera, que debía generar una renta estable. El Ayuntamiento decide aplicar, al menos, parte de los rendimientos de esa obra de caridad a la manutención del maestro.

 Tenemos pocas noticias sobre la enseñanza. Sobre la preparación del maestro sólo disponemos que en 1821 se dice explícitamente que tiene “título de maestro de primeras letras”, por lo que debemos pensar que algunos maestros no tenía ni siquiera ese título. Esto es confirmado por el tratamiento que se hace a los maestros en los acuerdos, incluso contratando a algún vecino del pueblo para tal función. Por las anotaciones de 1814 sabemos que las niñas también asistían a la escuela. No tenemos noticias de índices de escolarización en Lastras, ya que a buen seguro, muchos niños tendrían que ayudar a sus padres desde la infancia en sus trabajos diarios. Los niños aprendían a “leer, escribir y contar”, y todo esto se complementaba con la doctrina cristina. Como vemos, la educación que recibían era muy básica. 

 Hay que destacar que en algunos contratos se menciona la escuela nocturna, por lo que debemos pensar que había algún proceso de alfabetización para adultos.

En la segunda mitad del siglo XIX, es el Estado el que toma las riendas en materia de educación, siendo maestros funcionarios los que se ocupan de la enseñanza, teniendo noticias de concursos para nuestro pueblo ya en el año 1859. Así conocemos que, en 1867, Don Mariano Muñoz Carabias obtiene la plaza de maestro en propiedad Lastras, impartiendo también enseñanza gratuita para adultos. Es de suponer que este escenario seguiría prácticamente igual hasta principios del XX. En la segunda década de este siglo se abrirían las nuevas escuelas para niños y niñas en las instalaciones del nuevo Ayuntamiento que se complementarían posteriormente con las aulas que estaban donde hoy está construida la residencia. 

La Sociedad

Una institución que llegó a tener importancia en cuanto a la asistencia social fue la Sociedad de Socorros Mutuos La Unión Verdad de Lastras de Cuellar. “La sociedad”, como comúnmente se la llamaba, parece que se constituyó en 1921. Su objetivo, según su reglamento, era en primer lugar, socorrerse mutuamente mediante dinero en caso de enfermedad y segundo, y si había necesidad, prestar a estos socios enfermos pequeñas cantidades de dinero, sin intereses y a condición de su devolución. La Sociedad tenía un carácter mutualista. Así, podían participar en ella socios mayores de quince años que no padecieran enfermedad incurable. Para ser socio había que aportar 5 pesetas de cuota de entrada más una peseta al mes. 

Reglamento de la Union, Lastras de Cuéllar. Servicios públicos en lastras
«Ejemplar de Reglamento de la Sociedad de Socorros Mutuos “La Unión Verdad” de Lastras de Cuellar de 1921

Después de doce meses perteneciendo a la Sociedad, el socio que caía enfermo con certificación facultativa recibía una peseta y cincuenta céntimos diarios durante los primeros treinta días. Transcurrido ese tiempo, si el socio no recuperaba la salud, recibía una peseta diaria durante los siguientes treinta días. Siendo esa la prestación máxima que recibiría un socio enfermo al año. En caso de fallecimiento, la familia recibía 20 pesetas para “lutos y otros gastos”. Estas ayudas también se percibían en caso de hospitalización y fallecimiento fuera del pueblo. Estas cantidades se irían actualizando con el paso de los años.

Los beneficios a los que tenía derecho el socio eran sólo para su persona, por lo que los hijos y mujeres de estos, no tenían derecho a ninguna asistencia. Como vemos, la protección era muy limitada.

También había ciertas obligaciones sociales. Cuando un socio se hallaba en peligro de muerte, dos socios debían velarle por turnos. Los socios, además tenían la obligación de acompañar el cadáver en caso de fallecimiento hasta el cementerio. 

La Sociedad debió prosperar rápidamente. Su primera sede se estableció provisionalmente en el domicilio del presidente, Castor Herrero, que vivía en la calle del Sol, número 36. Sin embargo, posteriormente se construyó la sede social en el local que actualmente ocupa el Bar El Pincho.

La aparición del Régimen Especial Agrario en la década de los 60 del siglo pasado vendría a cubrir gran parte de sus objetivos. La sociedad, ya sin actividad, se disolvería en 1991 y a instancia suya, el Ministerio de Economía y Hacienda revocaría su autorización para la realización de operaciones de previsión social en 1993.

Cofradías y devociones

Las cofradías y devociones eran instituciones básicas de la vida social del pueblo. Poco sabemos de su actividad en Lastras, pero a través de ellas se reforzaba la moralidad. Alguna, como la de la Cruz, debía jugar un papel importante en los enterramientos. Así, tenemos noticias a principio del siglo XVII de su intervención en numerosos entierros a petición de difuntos que no pertenecían a la cofradía, cobrando por estos servicios lo que se acostumbraba. Entre sus fines debía estar la ayuda específica a los hermanos enfermos y la asistencia en el entierro. Del mismo modo, harían también una acción social enterrando de limosna a pobres que no tenían para un entierro digno. La Cofradía de la Cruz era la responsable de la ermita del Humilladero, que en el último tercio del siglo XVIII se fue convirtiendo en el lugar de enterramiento de Lastras, dados los impedimentos para enterrar en la iglesia.

Por último, hay que mencionar a otra institución olvidada, “la pobrería”. Lastras no contaba con un hospital para pobres transeúntes o camineros, cuya presencia era habitual, por lo que un vecino era el encargado de proporcionarles cuidado para que pudieran seguir su camino. El Concejo sacaba a subasta regularmente esta función, que se llamaba “la pobrería”. El vecino que estaba dispuesto a hacer este trabajo por el menor dinero se responsabilizaba de ello. En 1809, por ejemplo, la pobrería se ajustó en tres reales de vellón, por lo que debemos imaginar que los cuidados a estos pobres no serían muy grandes. Quizás un pajar para dormir y un trozo de pan en el mejor de los casos. No sabemos cuándo desapareció esta función pero hay constancia de su funcionamiento hasta bien entrado el siglo XIX.

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3 comentarios

  1. Buenos días. Soy Juliana Herrero, hermana de Mariano y Félix. Tuve la gran alegría de estar presente en la inauguración del colegio de mi pueblo y he tenido la gran tristeza de su cierre. Leo cada una de las palabras que se escribís acerca de mí pueblo. Me ha llegado al alma el artículo sobre las igualas. Yo llevé comida de pequeña a una señora que estaba malita camino de las eras de arriba, y eso lo tengo tan dentro de mí que vuestro artículo me lo ha hecho aflorar. Tantos recuerdos de mi niñez y de mi juventud….

    Gracias por todo lo que me acercáis.

    Un abrazo!

    Juli

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