“… illam villam cui nomen est Sacedon quae est yusta Cegam, cum istis terminis, sicut dividit illud pinar quod estinter Baguilafont et Cegam…”

los porretales
Felix Martín Galicia

Los Porretales, un poco de historia

A las nueve y cuarto de la mañana del día 12 de octubre de 1756 llegaron siete hombres a la Venta del Cega, antiguamente llamada Venta de Machín, con el objetivo de deslindar la dehesa de Valparaiso. La comitiva estaba compuesta por Don Luis Pérez Martínez, Corregidor de la Villa de Cuellar; Vitoriano de Silva, regidor de la villa; Mateo Gil, procurador del sexmo de Hontalbilla; Antonio Chorro, maestro ordinario de la Audiencia; Juan Matarranz y Lorenzo Garrido, vecinos de La Lastra; y Juan de Diego López, vecino de Hontalbilla.

Lo primero que hicieron al llegar a la venta fue preguntar al ventero si habían llagado ya personas de Aguilafuente y de Sepulveda, villas con las que lindaba la dehesa. Ante la negativa del ventero, Don Luis conminó a los hombres a que comenzaran sus trabajos y les ordenó la deslindaran “sin agravio de interesado alguno”.

Ninguno de los presentes en la venta ese 12 de octubre podían imaginar que cien años más tarde la finca sería expropiada y subastada públicamente. Del mismo modo, cuando Pascual Madoz vio aprobada su Ley de Desamortización de 1855, nadie en Lastras pensó que una de las fincas más representativas de nuestro término, llamada de Valparaiso o de los Porretales, acabaría siendo subastada y propiedad de numerosos vecinos de Lastras y Cabezuela después de un singular proceso.

La dehesa pertenecía desde tiempo inmemorial a la Villa y Tierra de Cuéllar y su condición de tierra limítrofe con la Villa de Sepulveda hacía que de una forma continuada se produjeran deslindes entre ellas. Así, tenemos noticias de deslindes en 1496, 1512, 1573 y el de 1756, sobre el que existe documentación muy detallada. Este último se resolvió satisfactoriamente para las partes en noviembre de ese mismo año.

Después del deslinde de 1756, no tenemos más noticias de la dehesa hasta la segunda mitad del siglo XIX. Suponemos que, como la mayoría de los bienes propios de la Villa, se arrendaría su explotación para pagar los diversos gastos del Concejo. Con la desamortización de Madoz, la finca fue incluida entre los bienes desamortizables en base a la ley publicada el 1 de mayo de 1855, pasando a subasta pública el día 30 de enero de 1860 por un valor de 71.000 reales.

El día 29 de febrero de 1860 (ese año era bisiesto), la dehesa fue adjudicada a un vecino de Cabezuela llamado Román Sanz que había presentado una puja de 201.250 reales, cerca de tres veces el valor de salida, lo que demostraría cierto interés en hacerse con ella. Una vez adjudicada la finca, Román tuvo que abonar el 10 por ciento de la misma al contado, esto es 20.125 reales, comprometiéndose a pagar el resto en 14 pagos (8% en los dos años siguientes, 7 % en los dos subsiguientes y 6 % en los diez inmediatos como marcaba la Ley).

No sabemos mucho de Román Sanz. El caso es que la dehesa no estuvo mucho tiempo en sus manos. Apenas un año después, el 26 de marzo de 1861 le encontramos en Aguilafuente ante el notario, vendiendo la finca en dos mitades iguales; una, a ochenta y seis convecinos de Cabazuela y la otra a sesenta vecinos de Lastras.

Extrañamente, la finca fue vendida en el mismo precio que resultó de la puja, esto es 201.250 reales, correspondiendo pagar a los vecinos de cada pueblo 100.625 reales, por lo que, al menos en teoría, Román no debió ganar nada en la operación. Esto puede hacer pensar en dos posibilidades; la primera, que acontecimientos sobrevenidos después de la puja hicieran que Román tuviera que venderla de urgencia; y otra, que los vecinos de los dos pueblos tuvieran un acuerdo previo para hacerse con la dehesa y Román solo actuase como testaferro para adjudicarse la puja y después revenderla. No hay ningún documento que pruebe ni lo uno ni lo otro. En todo caso, Román Sanz conservó una parte de la finca correspondiente a Cabezuela como un vecino más y además participó activamente en la partición de la misma como uno de los representantes de su pueblo.

Sea como fuera, para pagar la parte de Lastras suscriben participaciones 60 vecinos y la correspondiente a Cabezuela, 86 vecinos.

Así permaneció la finca durante varios años, disfrutando de sus prados los propietarios de ambos pueblos y sin dividir físicamente. Sin embargo, las cosas cambiaron en 1866. Los vecinos de Lastras y Cabezuela decidieron dividir la finca en dos mitades iguales y con el mismo valor.

Para realizar la escritura y demás acuerdos sobre la partición se nombró en Lastras a unos apoderados. Por parte de Lastras los apoderados fueron: Don Diego Tejedor, cura párroco; José Martín García; Gabriel de Frutos Ballesteros; Manuel Rodríguez Merino; y Jacinto Baeza Martín, sacristán del pueblo.

El 9 de marzo se reúnen con los representantes de Cabezuela y deslindan las dos mitades. Representando a Lastras estaban tres de los cinco comisionados: el cura Diego Tejedor, Gabriel de Frutos y Jacinto Baeza.  Entre los acuerdos tomados cabe destacar que los pinos que hubiere en las dos mitades serán para ambas sociedades fijando los pinos y los meses de la corta; y además, la sociedad que le tocare la suerte de arriba no podría detener la corriente de las aguas.

Una vez acordado esto, se procedió al sorteo de las dos partes. El sorteo se realizó del siguiente modo. Se introdujeron dos papeletas en un recipiente; una con la designación “Suerte de arriba u Oriente” y la otra “Suerte de abajo o Poniente”. El primero en sacar la papeleta fue el representante de Lastras, Jacinto Baeza, que extrajo la de “arriba”. Manuel de Virseda, representante de Cabezuela sacó la de “abajo”. Con lo que “se declara que la suerte de arriba ha correspondido del citado prado de Valparaiso a los socios de La Lastra”. Esta es la razón por la cual, aunque la finca esté en el término municipal de Lastras, la parte que corresponde a este pueblo es la más alejada del casco urbano. Lo mismo ocurre con la de Cabezuela.

El 22 de junio de 1868 todo esto se pasa a escritura pública quedándose los socios de cada pueblo obligados a seguir pagando los desembolsos que todavía quedaban pendientes de la adjudicación en subasta pública.

De esta manera, los 60 propietarios de Lastras asignaron a cada participación el valor nominal de una peseta, dando así un valor teórico total a la finca de 60 pesetas. Cada propietario originario tenía asignada una peseta de participación nominal. La masa social de los 60 vecinos propietarios pronto empezó a cambiar. Ya se conoce la venta de una parte en los años inmediatos a la subasta. Las herencias y la consiguiente división de las partes entre los hijos hizo que la mayoría de los propietarios cuenten en la actualidad con una propiedad representada en un valor nominal de céntimos. Así, la masa de propietarios ha crecido de los originales 60 a unos 300, exigiendo a su vez una participación mínima de céntimos para ser propietario.

En cuanto al nombre Los Porretales como segundo nombre de la finca, no hay indicios de su origen. Algunos afirman que se deriva de los prorrateos hechos en ella entre los pueblos y las partes, transformándose la palabra porrateos en porretales. Frente a esto hay que decir que la denominación de Los Porretales ya se usa en las escrituras de 1868 junto con el nombre de Valparaiso, por lo que no parece una explicación acertada, al parecer ya se venía utilizando en épocas anteriores.

Fuente: Archivo Municipal de Lastras de Cuéllar

Para la elaboración de este artículo agradezco la colaboración de Angel Efren Martín Cabrero, Santos López de las Heras y Adrián Antonio Zancajo.

Los Porretales

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Redacción Lastras

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